CONTRASEÑA



Hay una parábola en donde Jesús habla y dice: “el sembrador sale a sembrar, siembra la semilla y sin darse cuenta, de pronto la semilla crece, ya sea que esté dormido o despierto, la semilla crece. El nisiquiera se dio cuenta cómo creció pero creció”. Y creo que eso habla de cultura, cuando establecemos una cultura, se mantiene continuamente, se mantiene perseverante, sin saber cómo, simplemente ya es parte de la esencia del lugar. Entonce, hay un par de puntos.

En primer lugar, hemos removido todos los prejuicios. Cada persona que llega al entorno de iglesia, que es invitada a la iglesia, tiene un prejuicio contra la iglesia. Todos tienen un concepto de la iglesia, sea correcto o incorrecto, es el concepto o prejuicio que tienen. Y ese prejuicio es real para ellos hasta que no es removido por parte nuestra. Estas personas llegan con los guantes puestos, listos para la pelea. Tienen ideas de la iglesia, de que es aburrida o de que al llegar allí le van a quitar cosas (beber alcohol, salir, etc). Todo el mundo llega con prejuicios a la iglesia y nuestro trabajo es remover esos prejuicios antes de que escuchen el mensaje. La idea es que se quiten los guantes para que cuando llegue el mensaje, ya esté listo el corazón. Escuché un podcast de un restaurante en Europa y el dueño del restaurante está obsesionado con el sabor puro de los alimentos. Su perspectiva era de que el tomate tiene un sabor puro pero nuestras bocas están tan contaminadas que no podemos probar el tomate en su pureza, Y este hombre genio, que quería que la gente pruebe el alimento como realmente lo había diseñado, sin estar contaminadas sus bocas, diseñó un bocado para que se coma antes de probar la comida. Entonces, al llegar a este restaurante, lo primero que pruebas es un bocado que va a neutralizar todos los sabores que llevas en tu boca. Si recién te habías lavado los dientes o masticado un chicle o fumado algo, al llegar al restaurante ya estaba contaminada tu boca, pero con este bocadillo se neutralizarían todos los sabores para que puedas probar el alimento como él lo diseñó.

Yo creo que este es un buen concepto para nosotros en la iglesia. Antes de que escuchen el mensaje, neutralicemos los sabores de la boca de la gente con todas nuestras atenciones a lo largo del estacionamiento, del lobby, pasillos y mientras se topan con voluntarios. Así cuando lleguen y estén sentados ya están con los guantes abajo, con el sabor de la boca neutralizado, ahora sí van a poder recibir el mensaje de la mejor manera. Tratamos de neutralizar con amabilidad. Todo el trabajo previo es parte de la predicación.

Yo veo un domingo como un marcador deportivo, para la prédica el marcador debe estar cero a cero, para poder meter un gol. Pero, la gente siempre llega en negativo con sus prejuicios, o con menos cinco y entonces tenemos que nivelar el marcador con todo nuestro servicio previo al mensaje. Una vez cuando se llega al mensaje y el marcador llega a 0 a 0, el pastor podrá meter un gol. Eso es lo primero, removemos prejuicios.

Lo segundo que hemos hecho es preguntarnos: ¿Qué tipo de ambiente queremos durante el mensaje? ¿Se quiere un ambiente solemne, uno donde la gente tome notas, un ambiente alegre, un ambiente receptivo, un ambiente que te comunique de regreso? ¿Qué es lo que quieres? Es la pregunta que debemos de hacernos. Y así usemos referencias para aprender, esa no es nuestra referencia. ¿Cuál es la esencia de lo que tu cargas? ¿Qué quieres ver? No repliques algo que no se parece a ti. Primero define lo que quieres ver. Por ejemplo, mi personalidad es bien acelerada, un poquito emocionada, por ello yo quiero emoción en la gente. Yo quiero retroalimentación, yo todavía creo en la confesión de nuestros labios, yo creo que hay poder cuando confesamos con nuestras palabras. Cuando dices amén a la palabra, cuando respondes a la palabra, cuando te emocionas con la palabra, estás poniéndote de acuerdo y yo creo hay poder en esa confesión.

Entonces define qué ambiente quieres, pídelo. Una iglesia callada es una iglesia muerta. El confesar un amén durante el mensaje baja los prejuicios, las personas piensan ¡este es un lugar donde puedo conectar, donde puedo bajar la guardia, me puedo reír, puedo responder, puedo gritar! y crea un ambiente de expectativa, de ánimo a los que vienen por primera vez.

Nosotros acomodamos en diferentes lugares a “porristas” en la primera fila. Ellos responden al mensaje, así me escuchen cuatro veces, siempre están respondiendo. Queremos crear ese ambiente.

Un último consejo: si tu no te preparas de la manera adecuada ¿por qué la gente debería celebrarte? Échale ganas al mensaje. Prepárate. Dios no tiene porque bendecir algo por lo que no te preparas. Piénsalo de esta manera, las personas te van a regalar 30 a 35 minutos de su vida. Honra el tiempo que te regalan. Aprécialo. Y ¿cómo lo haces? Preparándote.