«―Yo los bautizo a ustedes con agua —les respondió Juan a todos—. Pero está por llegar uno más poderoso que yo, a quien ni siquiera merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.» – Lucas 3:16 NVI
«Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, según el conocimiento previo de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que abunden en ustedes la gracia y la paz.» – 1 Pedro 1:1-2 NVI
El fuego purifica y el fuego del Espíritu Santo nos purifica y nos impulsa.
La santificación es un proceso continuo mediante el cual el Espíritu Santo nos transforma cada vez más a la imagen de Jesucristo.
“Dios empezó a cambiar mi manera de hablar y tratar a los demás. Él me empezó a santificar”.
Cuando pensamos en la palabra santidad la vinculamos a religiosidad.
Religiosidad es esforzarte para ganar el amor de Dios, lo contrario a Santidad es el regalo del amor de Dios.
No hay nadie como Dios. Él es totalmente diferente a todo lo demás y no hay ningún otro ser mejor que Dios.
Cuando pones tu fe en Cristo Jesús, el Padre te declara justo.
Justificación significa: Eres apto para estar en la presencia de Dios.
Religiosidad es trabajar para llegar a algo, pero santidad es dejar que el espíritu trabaje en mí.
El prototipo del ser humano es Cristo.
Obediencia no es algo que te limita es algo que te potencializa y arregla la vida.
Somos carne y espíritu:
¿Qué va a controlar tu ser? ¿La naturaleza carnal o el espíritu?
No porque tienes pensamientos carnales significa que eres carnal. Si estás lleno del Espíritu Santo, eres un hijo de Dios.
La obediencia cristiana es mucho más que dejar de hacer algo malo. Son nuevos deseos, actitudes y acciones alineadas a la voluntad y al corazón de Jesucristo y en medio de ese proceso vas dejando cosas que ya no te sirven.
Pregúntate: ¿Lo que hago me está ayudando a crecer en Cristo? ¿Me está ayudando a ser copia y sombra de la presencia de Dios en la tierra ?
En vez de preguntarte qué tengo que dejar, empieza a preguntarte qué quiero alcanzar.
«Son un árbol de justicia en el plantío de Dios. Estírense hacia lo que Él es.»
«Entremos directamente a la presencia de Dios con corazón sincero y con plena confianza en él. Pues nuestra conciencia culpable ha sido rociada con la sangre de Cristo a fin de purificarnos, y nuestro cuerpo ha sido lavado con agua pura.» – Hebreos 10:22 NTV
La presencia de Dios es lo que nos santifica. Pero el diablo quiere culparnos, condenarnos para no entrar a esa presencia y muchos se quedan afuera por la culpa.
La misma amistad con el Espíritu Santo es la que te transforma. Por eso es que el diablo batalla para mantenernos fuera de la amistad del Espíritu Santo.
Pentecostés no solo es una domingo al año. Pentecostés es la vida natural del cristiano todos los días.
«No se emborrachen con vino, porque eso les arruinará la vida. En cambio, sean llenos del Espíritu Santo cantando salmos e himnos y canciones espirituales entre ustedes, y haciendo música al Señor en el corazón. Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.» – Efesios 5:18-20 NTV